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Crónica de la presentación del libro “Tocando fondo”

El pasado día 12 de septiembre tuvo lugar la presentación del libro “Tocando fondo” de Francisco Pérez Terrón. El acto tuvo lugar en el salón de CCOO PV en Valencia, contando con la asistencia de numeroso público.

Intervinieron Joan Sifre, del Consell de Direcció de la FEIS; Manuel Turégano, escritor, crítico literario y editor de “Contrabando”; Miguel Angel Villena, periodista y escritor, actual editor de la revista digital “Tinta libre” y colaborador de InfoLibre; Francisco Pérez Terrón, el autor del libro, que es periodista, trabajó como agregado de prensa en Oslo, como jefe del Despacho de Prensa del Gobierno Republicano en el exilio, participando posteriormente en acciones de la última guerrilla que operó en España, y en la Editorial “Ruedo Ibérico”, en “Mundo Obrero” e “Información Española”.

Joan Sifre presentó el acto y a las personas que iban a intervenir desde la mesa. Destacó que FEIS tiene entre sus objetivos el de ser un espacio modesto de debate e iniciativas que contribuyan a una ciudadanía democrática activa y entre sus actividades la preservación de la memoria de tantas mujeres y hombres, que en nuestro pasado más reciente resistieron y lucharon, con toda dignidad, para conseguir una sociedad solidaria, una “vida buena y justa para la ciudad”. (Tocqueville).

Tocando fondo” es una novela autobiográfica. No sólo un libro de memorias, ni una narración histórica, más o menos autojustificativa. En ella el autor utiliza como material narrativo, sus recuerdos, volviendo a “pasar por el corazón”, una parte de su vida. No busca sólo entretener. La alusión en el título a la poesía de G. Celaya lo niega. Más bien se trata de un libro para la acción (Hannah Arendt), para crear algo nuevo, a partir de un juicio crítico y libre. No es una novela de aventuras, ni de “penas hechas soportables en una historia” (I. Dinesen)… sino una narración amena que presenta hechos vividos y convicciones que deben ser compartidas y nos acercan a una voluntad común.

Manuel Turégano comenzó su intervención denunciando una nueva mala noticia para la supervivencia cultural en estos tiempos sombríos: el despido del único trabajador de la Filmoteca Valenciana, relacionado con la revista “Archivos de la Filmoteca”, fundada por Ricardo Muñoz Suay, hace 24 años; la única revista teórica de una filmoteca española, que era además un referente en historiografía y estética cinematográfica.

Expresó su satisfacción por presentar este libro cuya publicación animó vivamente. Y es que, suele decirse, con bastante razón, que la historia siempre la escriben los vencedores. Algo rigurosamente verdadero referido a una dictadura. Sin embargo, por los huecos más impensados, se cuelan pequeñas historias que, sin llegar a desafiar a la historia oficial, son capaces de ofrecernos otra visión de las cosas, iluminando y recreando episodios “que vuelven a hacer temblar el pulso verdadero de la vida y nos permiten acercarnos a ciertas realidades sin los anteojos deformados”. “Tocando Fondo”, forma parte de ese caudal -en nuestro país bastante intenso- de pequeñas historias que iluminan algunos de los infinitos rincones oscuros, que ensombreció a conciencia la larga dictadura que padecimos.

Pequeña historia que no deja nunca que el sentimentalismo o el resentimiento empañen la sobriedad de las evocaciones; que, sin subrayarse ni postularse nunca como heroica o ejemplar, nos va poco a poco cautivando, y acabamos por darnos cuenta que esa pequeña historia no es en realidad tan pequeña. Entonces descubrimos que ya no pisamos solo las tablas inciertas del recuerdo, sino las aún mucho más inseguras y equívocas de la creación literaria, pero dotadas como en este caso, de una capacidad de verdad, de una fuerza de verdad, que raramente encontraremos en los textos meramente históricos. Esta pequeña historia se convierte en una lectura -es decir, en una aventura- que ha merecido la pena vivir.

La novela logra ser un digno recordatorio de ciertos episodios del pasado muy ocultos por la niebla (y que él ha seleccionado cuidadosamente de su riquísima experiencia biográfica), y una narración novelada, amena cuando tiene que serlo, dramática y aún trágica cuando las circunstancias le obligan, irónica cuando es preciso y siempre muy reflexiva, una historia muy bien escrita, y que pone en evidencia la indudable intimidad y familiaridad del autor con la literatura, y su buen hacer como lector. Además de todo esto, el libro de Pérez Terrón tiene una tercera virtud: contiene un verdadero ideario. El ideario de un hombre que con tenacidad, buen instinto, reflexión y un espíritu libre se ha enfrentado valerosamente a las encrucijadas de su tiempo. Y que, vencedor o perdedor en ellas, nunca ha sido un derrotado. Nunca se ha doblegado.

Miguel A. Villena señaló que con frecuencia es posible escuchar el comentario: “Otra novela sobre la guerra civil!… parece como que no supieran hablar de otra cosa…!”. Comentarios así no reflejan más que una gran ignorancia de que este tema es de los que más se han utilizado en la literatura, que reúne la “microhistoria” y la “macrohistoria”, que han sido contadas por los mejores periodistas y escritores de la época, que en ella se prefiguran los posteriores conflictos… Frente a estas descalificaciones, yo pienso que es importante que además de las grandes historias se cuenten las historias personales… cómo no hacerlo si lo peor es que la guerra duró cuarenta y tantos años!… Estas memorias configuran un mosaico del que hemos nacido. Es cierto. Como dice Paco en el arranque de un capítulo, hay recuerdos que se mantienen en la memoria como si alguien les sacara brillo todos los días, a diferencia de otros que son como fotos desenfocadas…Unos y otros, todos, son importantes.

Esta es la novela de un periodista y guerrillero. Y por muy novelesco que resulte, y por muy mal que hayan sido tratados, como bandoleros y delincuentes… lucharon por sus ideales. Y esto no es contradictorio: En el caso de Paco Pérez Terrón su profesión periodística estuvo al servicio de sus ideales. Al periodismo no hay que pedirle sólo objetividad, sino coherencia, honestidad, valentía, compromiso con su tiempo.

El autor prepara su segundo libro y me confesaba que le costaba encontrar un hilo conductor… yo le contesté con unas palabras de Isabel Allende: “si un periodista tiene una buena historia, al final la acabará contando”.

Paco lo hace con una narración amena. Su libro refleja su peripecia vital, desde aquel hecho “fundante”: “La edad adulta comenzó, para mí, el día que conocí la muerte. Esta no es más que una palabra para los niños, y en el momento que se comprende su significado, se pierde la inocencia. No se trata de una revelación, sino de un proceso lento que te alcanza desprevenido, pero que va adentrándose hasta corroer tus emociones. Entonces vas descubriendo el orden del universo, que empieza por separar los vivos de los muertos y, en la relación entre unos y otros, aparecen los valores. Pueden pasar años antes de establecer el orden definitivo que regirá tu vida, no obstante, todas tus acciones parten del día que aprendes que la muerte es mucho más que una palabra.” El es, sin duda, representativo de su época y de lo que nos ha ocurrido a todos.

Quisiera animaros a leer este libro por su calidad. Este es un país poco dado a estudiar memorias y biografías, en parte por un cierto pudor y por su desmemoria histórica. La gran laguna en la memoria histórica es que los auténticos protagonistas no se han animado a contarla. Paco, el autor, como periodista tenía obligación de contarla. En el epílogo lo dice: “Como señaló Miguel Delibes alguna vez, la misión de los que escribimos es la convocatoria de la palabra y, convocar la palabra, trasciende la actividad estética, contiene un valor moral”. Es la misma idea de la poesía de Gabriel Celaya que da titulo al libro.

Finalmente, intervino Francisco Pérez Terrón agradeciendo los elogios precedentes y el interés despertado por la presentación de su libro, que tiene mucho de memorias, pero su intención fue construir una novela amena, que pudiera interesar. En su opinión toda historia con contenido autobiográfico es una justificación: “los aciertos se justifican solos, los desaciertos tienen sus razones ocultas y nadie mejor que uno mismo para explicarlos y justificarlos”. Pero también los recuerdos sirven para “vivir dos veces”.

Dentro del recuerdo hay también sobresaltos, momentos de amargura y torbellinos que te zarandean y te arrastran, como aquel día triste de 1936 en que unos militares iluminados, le declararon la guerra a España. Ellos son los culpables de que mataran a mi padre, que era un hombre bueno. Yo no he sido la misma persona a lo largo de mi vida. Los cambios te van remodelando. Esto hace que las historias del hombre que fui las narre ahora como el hombre que soy. El “hilo conductor de la novela” es la lucha en el monte de una tardía guerrilla antifascista de 1961, pero la historia se apoya en otros dos puntales: las anécdotas y la reflexión para entenderlas.

Mis amigos y yo buscábamos la manera de alcanzar la justicia. El objetivo utópico de aproximarnos a una sociedad menos desigual, menos injusta. Compartí la lucha con gente sencilla a los que la República les había mostrado que la libertad y la justicia eran alcanzables y si aquellas ilusiones se las habían arrebatado a tiros, había que recuperarlas luchando.

El paso del tiempo que hace evolucionar la historia, va cambiando la mentalidad de los hombres. Ya entonces el PCE apostaba por su política de reconciliación nacional. En esa política, que me costó asumir, fui descubriendo un nuevo horizonte de convivencia. El Partido Comunista me ayudó a entender.

Los problemas a los que nos enfrentamos ahora son los de una democracia tutelada por el poder económico. Es que las libertades adquiridas están muy mal vistas por los oligarcas porque dificultan sus estrategias. Antes predicaban el anticomunismo, ahora nos atacan con manejos económicos y a golpe de leyes. Algo habrá que hacer. Algún tipo de resistencia civil tendrá que enfrentarlos.

Todos somos militantes de la dignidad humana, bajo cualquier sigla que militemos y en esta lucha la literatura y la poesía pueden ayudar porque son “un arma cargada de futuro”: Procuremos que todos nuestros actos tengan un significado y una intención y no nos quedemos sólo en lo decorativo. Este es mi mensaje. Muchas gracias.

Acto presentación libro Tocando fondo

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