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001 | 022014 | La JOC es nuestra. Desalojo por la policía de militantes de la JOC encerrados en la sede de su Comisión Permanente en Madrid (22 de septiembre de 1980)

A la memoria de Pepe Vila

Dedicamos esta presentación a la memoria de tantas y tantos militantes de JOC que con entusiasmo y compromiso contribuyeron al fortalecimiento del movimiento obrero, a la superación de la dictadura franquista y al logro de las libertades democráticas y sindicales.

En particular, a la memoria de Pepe Vila, fallecido el pasado 14 de diciembre, impulsor junto con otros consiliarios y dirigentes de este movimiento en el País Valenciano. Siendo párroco de la Iglesia de Vera (Malvarrosa-Valencia), facilitó con generosidad y espíritu democrático los locales parroquiales anexos para la constitución clandestina de la federación del metal de las Comisiones Obreras del País Valenciano, el 13 de marzo de 1977. Una semana antes la policía había abortado un primer intento de asamblea en otro lugar.

El documento

El documento que reproducimos ha sido donado por Bernat Asensi Honorato. Es una “Carta al director” de un diario alicantino, rogando su publicación para denunciar y dar a conocer a la opinión pública los siguientes hechos: que a petición expresa del secretario de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), la policía había desalojado por la fuerza el 22 de septiembre de 1980 a los ocupantes de un local alquilado en la calle Alfonso XI, de Madrid. Algunos de ellos eran miembros de la Comisión Permanente de la Juventud Obrera Católica (JOC), elegidos en su último Consejo Nacional y destituidos por la jerarquía episcopal, que había nombrado en su lugar una gestora.

Adjuntamos a esta Carta diversos artículos publicados en la prensa del momento: uno de Jorge M. Reverte, “Los obispos contra la JOC”; otra Carta firmada por la “asamblea de militantes de la JOC de Elche”; un editorial del semanario La Calle bajo el título “Vuelve la inquisición”; el artículo de Francisco Umbral “La JOC”, publicado en el El País; y una carta colectiva de protesta firmada por teólogos, personalidades y representantes de otros movimientos cristianos.

La denuncia alude a la destitución y desalojo de los miembros de los órganos de dirección elegidos en el XXXIII Consejo Nacional de la JOC, celebrado en julio de 1980 en Alicante. Más allá de expresar indignación y pesar por una actuación impropia de la CEAS, que debería mostrar otra disposición al diálogo, refleja una conflictividad de fondo, mantenida a lo largo de año y medio. La jerarquía católica quería dar un giro en la concepción del movimiento y para la mayoría de los reunidos en el Consejo de julio, la Conferencia Episcopal no comprendía y desatendía la problemática juvenil y obrera, queriendo terminar con el carácter político y liberador del compromiso cristiano, con la propia filosofía de la JOC. En su opinión, un movimiento “reeclesializado” como quería la jerarquía católica dejaría de incidir en los jóvenes trabajadores desde “posturas de clase”. Para muchos de ellos la reacción autoritaria de los obispos ponía fin al proceso interno de reflexión y clarificación sobre el ideario y los objetivos de la JOC, cuyas conclusiones se habían hecho públicas.

No se trataba de un conflicto nuevo. Ya en la segunda mitad de la década de 1960 la JOC había sufrido una profunda crisis por el intento de la jerarquía de asimilarla a la AC general (1). Ahora, con este “descabezamiento” de septiembre de 1980, la jerarquía católica había extremado su comportamiento, pasando de una inhibición ante la actuación policial, como alguna vez se dio, a instarla y requerirla.(2)

La JOC era un movimiento internacional y su crisis de identidad no solo afectaba a la organización española. En el Consejo Mundial celebrado en Linz en 1975, la JOC se había distanciado de los planteamientos de su fundador, el belga J. Cardjin. En nuestro país, la corriente mayoritaria en el Consejo de julio de 1980 era partidaria de aceptar la presencia de militantes no cristianos en las filas de la JOC y de una mayor autonomía respecto a los consiliarios. Ante el riesgo de perder el control de un movimiento que consideraban suyo y propio de la Acción Católica, los obispos nombraron una gestora y el movimiento se escindió en dos organizaciones, JOC y JOCE.(3)

La JOC en España y el País Valenciano de 1947 a 1980

La Juventud Obrera Católica nace en 1947, según J.Domínguez (4) , un año después de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). La JOC recibe la influencia del pensamiento y la preocupación pastoral que había desarrollado Joseph Cardjin desde la década de 1930. Algunos que recuerdan aquella experiencia suelen citar un curso impartido en 1949 por Cardjin en el Seminario de Comillas, al que asistieron algunos alumnos que allí estudiaban y ya estaban organizados como “Grupos de Jesús Obrero”, entre ellos varios seminaristas valencianos (5).

La JOC es una organización que se dirige a la juventud obrera, con un enfoque educativo, de concienciación, de maduración individual y en equipo, a partir de las condiciones de vida de los jóvenes. En la forma de actuar de la JOC son temas principales la “revisión de vida obrera”, la pedagogía del “Ver, Juzgar y Actuar”, la defensa de los aprendices, la mejora de las condiciones de trabajo y de la seguridad, la dignificación de las diversiones y de las relaciones entre hombres y mujeres, el afán por recuperar la cultura obrera y la dignidad del trabajo. Los jocistas ponen especial énfasis en la formación mediante campañas anuales, realización de encuestas, la difusión de sus revistas (Juventud Obrera, Juventud y Trabajo, Avanzamos…) y publicaciones, la promoción de todo tipo de cursillos, escuelas nocturnas y colonias, además de clubes y casas de juventud.

Se constituye la Juventud Obrera Católica en la diócesis de Valencia en 1954. Pepe Vila es su primer consiliario junto con Josep A. Comes, a los que se unirá un grupo de sacerdotes como consiliarios de las diferentes zonas en que se estructuran las federaciones de JOC en la diócesis (Amargós, Fornés, Espí y otros). En la diócesis de Orihuela-Alicante la JOC se constituye en 1956 y se extiende a partir de los núcleos industriales más importantes (Elx, valles del Vinalopó, Foia de Castalla), siendo presidentes o responsables diocesanos S. Velasco, J. Carpena, P. Langarita, M. Furió y M. Marco; y consiliarios Nicandro Pérez, Fulgencio Vega, Ernesto Gálvez y Federico Moreno.

La JOC y la HOAC crecieron con fuerza en los años 1950 y ambos movimientos contribuyeron a impulsar el nuevo movimiento obrero (Comisiones Obreras). Los años 1960 fueron “década prodigiosa” también en el ámbito eclesial por la celebración del Concilio Vaticano II. El Concilio dio carta de ciudadanía a estos movimientos que, venciendo resistencias, habían conseguido lentamente adquirir un estatus especial y autonomía como movimientos especializados de Acción Católica en un medio social específico.

Estos movimientos contribuyeron a la modernización de la Iglesia española y a la recepción de la doctrina conciliar, aun a pesar de que los obispos españoles tuvieron un escaso protagonismo y pobre comprensión de lo que se debatía en él (6) . A su vez, el Concilio proporcionó a los movimientos otra conciencia de su papel, una forma nueva de entenderlo y reivindicarlo. En 1978 escribían Ramiro Reig y Josep Picó: “La ideología conciliar (…) cobra fuerzas en los lugares más avanzados del proceso histórico, es decir, en los grupos de Iglesia que participan de las necesidades, urgencias y luchas de la clase obrera, o de los que toman conciencia de la necesidad de rehacer el País” (7) . Sobre todo porque aportaba una recuperación del diálogo con la modernidad y una nueva comprensión de la Iglesia al servicio de su misión.

Mientras tanto, el movimiento obrero va abriéndose paso y se convierte en el eje de oposición a la dictadura y a los nuevos planes de explotación económica. Con grandes sacrificios, va encontrando formas propias de organización y valora positivamente el papel de los nuevos militantes (8) y líderes obreros, su formación, su compromiso, su disposición a asumir cargos de representación (9) en defensa de sus compañeras y sus compañeros. Militantes de la JOC crearon la USO (10) y apoyarán inicialmente la creación del movimiento unitario de CCOO.

La relación de la jerarquía con el poder provoca en las bases de la Iglesia críticas y denuncias que van produciendo una fractura en su interior. Unas veces las críticas vienen por el apoyo de la jerarquía a la dictadura, otras por el choque con la concepción que esta tiene de los movimientos de Acción Católica obrera. Pero sobre todo fue determinante el compromiso de los militantes obreros al no silenciar, sino intervenir activamente en acciones y denuncias sobre las condiciones obreras, la situación de las trabajadoras del hogar, el consumismo, el trabajo de menores, los accidentes laborales, las condiciones de la emigración, etc. Como dice la historiadora Mónica Moreno, las tensiones “tuvieron su origen en el compromiso creciente de los movimientos apostólicos con la realidad social y en la inflexibilidad del episcopado”. Miembros de éste, en la década de 1960 “acusaban a la AC obrera de que el marxismo y el comunismo se habían infiltrado en sus filas, de desacato a la jerarquía, desviacionismo respecto de la AC y sobre todo de un excesivo ’temporalismo’ y falta de espiritualidad” (11). La lucha de clases se dio también dentro de la Iglesia.

Esta situación de conflicto abierto entre los movimientos obreros católicos de base y la jerarquía de la Iglesia coincide con la reacción represiva de la dictadura contra CCOO y el movimiento estudiantil, que culmina en el estado de excepción de 1969 y el Juicio de Burgos. Poco a poco, los obispos más perspicaces se van distanciando de la dictadura y asumen una posición más neutral y en algunas ocasiones crítica con el régimen. La base y los movimientos se convierten en abiertamente hostiles a este o tienen dificultades para resituarse en el nuevo contexto generado por la pujanza de las organizaciones de clase. Militantes de la JOC y la HOAC aparecen imputados en diferentes procesos contra la oposición a la dictadura.

En conclusión

El legado de aquellos años de innovación religiosa en España bajo la dictadura fue la formación de un nuevo sujeto, los cristianos de izquierda, en cuya formación intervinieron una serie de factores, que podemos recoger de Rafael Díaz Salazar (12) :
1) La creación de una Acción Católica Obrera (HOAC y JOC) a mediados de los 40 y de otros grupos obreros y universitarios (VOS, FECUM, JEC…), acompañados por consiliarios que tenían un gran conocimiento del marxismo (Alberdi, Malagón, Urbina, Domínguez, García Nieto).
2) El surgimiento de una nueva intelectualidad cristiana progresista: Aranguren, Aguirre, A.C.Comín, Fernández de Castro, J.M.Valverde, Miret, Santamaría, el colectivo editor de El Ciervo.
3) La existencia de teólogos abiertos a un diálogo con el marxismo: Álvarez Bolado, González Ruiz, Diez Alegría, Benzo, Rovira, González Faus, C.Floristán, G. Caffarena y el grupo del Instituto Fe y Secularidad.
4) La presencia de curas revolucionarios en el mundo obrero y jornalero: Llanos, García Salve, Gamo, Chinarro, Casasola, Diamantino García…
5) La consolidación de una nueva generación de sacerdotes identificada con ideologías de izquierda.
6) La existencia de democrata-cristianos de izquierda: Jiménez Fernández, Aguilar Navarro, Álvarez de Miranda, Ruiz Jiménez
7) La emergencia de una minoría muy significativa de obispos afines al socialismo democrático.

A todo ello aún habría que añadir el surgimiento de “Cristianos por el Socialismo”, movimiento de cristianos comprometidos con opciones políticas de izquierda cuando las alternativas de oposición democrática iban tomando forma en los últimos años de la dictadura.

El papel de los movimientos JOC y HOAC fue muy importante en el surgimiento y fortalecimiento del nuevo movimiento obrero, para el compromiso de los cristianos en la lucha de oposición a la dictadura y en la izquierda. La jerarquía mantuvo una atenta vigilancia sobre estos movimientos de base utilizando sus atribuciones para imponer consiliarios o desplazarlos; además de ejercer una dirección pastoral reticente sobre su acción. Estos movimientos eran acusados de “temporalismo”, es decir, de perder el sentido de su misión, su especificidad cristiana y aceptar colaborar con el marxismo. Naturalmente dependió mucho del talante y circunstancia de cada obispo que en su zona se mantuviera una actitud beligerante, comprensiva o decididamente comprometida con la misión de estos movimientos. En Valencia y Orihuela-Alicante, con la única salvedad de la interinidad de R.González Moralejo en Valencia, hubo en los años decisivos para la JOC obispos con orientación pastoral muy conservadora, centrados en potenciar las obras de la Iglesia, o con un concepto bastante autoritario de su función jerárquica: Marcelino Olaechea, J M.García Lahiguera, Pablo Barrachina.

En el conflicto de septiembre de 1980 entre la CEAS del Episcopado y la dirección de la JOC, la jerarquía católica dio decididamente apoyo a posiciones minoritarias pero más proclives a aceptar la disciplina. La carta titulada “La JOC es nuestra” era una clara reivindicación de protagonismo y autonomía frente a la injerencia y la arbitrariedad de la actuación episcopal. Producida la escisión, la jerarquía apoyó a quienes querían mantenerse bajo sus orientaciones, excluyendo a la otra parte y nombrando una gestora. Los de la tendencia JOCE querían quedarse, pero sufrieron el desalojo en su sede, que no era en realidad un piso alquilado sino propiedad de la CEAS. Ese mismo año de 1980 la USO entró en crisis y una mayoría de sus militantes se incorporó a CCOO como “corriente autogestionaria”.

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(1) HOAC y JOC mantenían una postura muy crítica con el episcopado y se negaron a aceptar unos nuevos estatutos de la Acción Católica que la Conferencia Episcopal aprobó y trató de imponerles en 1967 .
(2) Un caso similar de intento de desalojo se había producido en 1969, cuando el obispo “José Guerra Campos, consiliario de la CEAS, amenazó con desalojar a la HOAC de su local de Madrid, a lo que los hoacistas respondieron con un encierro, en el que participaron militantes y consiliarios de la diócesis oriolana; este incidente se solucionó con la intervención del arzobispo Morcillo”, presidente de la CEAS y de la Conferencia episcopal. En julio de 1975, un caso claro de inhibición fue la negativa del obispo Pablo Barrachina a intervenir cuando la policía irrumpió en una asamblea de zona de HOAC, en el colegio de la Inmaculada de los jesuitas de Alicante, confundiéndola con una reunión clandestina de CCOO. Moreno Seco, Mónica, La diócesis de Orihuela-Alicante en el franquismo (1939-1975)
(http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394953155915940200024/003050.pdf ).
(3) En el País Valenciano, la mayoría de militantes del Sudeste eran partidarios de la corriente mayoritaria. Moreno Seco, Mónica, La diócesis de Orihuela-Alicante…, p.432.
(4) J DOMÍNGUEZ. “La lucha obrera durante el franquismo” (1987) DDB.
(5) R. REIG, J. PICO. “Feixistes, rojos i capellans”. PUV p.169. C. FUERTES, J.A. GOMEZ R. “El Tribunal de Orden Público en el PV”. Feis. p.241
(6) Sólo tres obispos españoles participaron en la comisión preparatoria del Concilio: Jubany, Morcillo y Tarancón. Ver el testimonio de V. Enric i Tarancón en FULVIA, NICOLAS (ed), Converses amb un cardenal valencià, Tàndem, de la Memoria.
(7) R.REIG-J.PICÓ ibidem p.232
(8) Se puede ver esta opinión en el documento “Los grupos políticos no comunistas y el nuevo movimiento obrero”. Nuestra Bandera 42-43. Marzo abril de 1965. (http://www.filosofia.org/hem/dep/pce/nb042163.htm)
(9) Por ejemplo, en las elecciones sindicales de 1963.
(10) En 1960 por ejemplo en Rentería, uno de los lugares donde comenzó a implantarse la JOC con más fuerza en nuestro país. También participaron militantes de HOAC.
(11) M.MORENO, Ibidem p.368
(12) R. DIAZ SALAZAR “La izquierda y el cristianismo” (p. 210-211).
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Donación: Bernat Asensi Honorato
Textos: Joan Sifre Martínez
Edición y Publicación: FEIS

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