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Fundació d'Estudis i Iniciatives Sociolaborals

002 | 112014| HORADANDO EL OLVIDO. Conversaciones con Mariano Ibáñez

Certificado de Liberación DefinitivaBuenaventura Navarro.

“. . .Y hemos sabido amar
la causa más alta de la humanidad,
hemos luchado por ella. . .”
Nazim Hikmet, poeta turco y comunista.

Fue a finales de abril, o tal vez a primeros de mayo, cuando nos llegó el nombre de Mariano Ibáñez. Dentro de nuestro periplo investigador para desarrollar un estudio histórico sobre la larga etapa del franquismo en Puerto Sagunto, otro amigo porteño, veterano sindicalista, Julián López, sería quien nos pondría en contacto con Ibáñez, con el que mantuvimos varios encuentros entre la primavera y el final del verano.

Mariano nos pareció una persona seria y, a pesar de su aparente desapego actual de la militancia partidista, dotado de un intelecto organizado y reflexivo sobre la sociedad en que vivimos, además de la firmeza de su compromiso sindical con los trabajadores a través de Comisiones Obreras.

Quisieron las circunstancias que el 21 de febrero de 1928 naciera Mariano Ibáñez Palomar en Barcelona, debido a que sus progenitores, valencianos, se habían desplazado allí para participar el padre en unos trabajos momentáneos de su empresa. Al poco tiempo ya regresaron a Valencia.

HORADANDO EL OLVIDO Conversaciones con Mariano Ibáñez.

El padre de Mariano militaba en la CNT y al término de la guerra civil fue detenido por los vencedores y pasó 1 año en la cárcel Modelo de Valencia. Cuando salió en libertad, abril de 1940, ya no se pudo reincorporar a su puesto como ferroviario de la Compañía del Norte, y entró a trabajar en el balneario de Las Arenas, donde, a los tres meses, murió junto a otros dos compañeros, víctimas de la explosión de una caldera que estaban intentando reparar.

El 20 de marzo de 1943, Mariano Ibáñez, habiendo cursado ya los estudios primarios y parte de la formación profesional, entró a trabajar en “Talleres Devis”, que más tarde pasaría a ser “Macosa”. Tenía 15 años de edad. Llegaría a culminar los estudios de Maestría Industrial en la Escuela Industrial de Valencia. (Ver documentos)

Miguel Caballero Vacas, dirigente comunista en Córdoba, había sido detenido al acabar la guerra, y había llegado trasladado al penal de San Miguel de los Reyes, acudiendo su mujer y sus dos hijas a Valencia para estar cerca de él y tratar de ayudarle con sus visitas y su apoyo.
De esta manera, en 1948, llegaron a conocerse los jóvenes Mariano Ibáñez y Marina Caballero, hija de Miguel, se hicieron novios y luego se casaron.

Al salir de la cárcel, después de 15 años de preso, Miguel Caballero se estableció en Valencia con su familia e influyó en sus charlas con su ideología comunista en Mariano, su yerno.

Entre el otoño de 1956 y la primavera de 1957, Mariano tuvo que viajar a Barcelona, dentro de un equipo de profesionales de “Macosa” para montar unas grúas en el puerto marítimo barcelonés. Residió durante esa temporada en casa de un amigo de su suegro, también destacado dirigente andaluz del PCE. A principios de 1957 hubo en Barcelona una impresionante huelga de los transportes urbanos, que vivió Mariano en directo observando el unánime seguimiento ciudadano de boicot al uso de esos transportes. Este episodio le conmovió y afectó profundamente en su consciencia social y política.

Al volver a Valencia, al año siguiente, hicieron un paro en su empresa para reclamar un plus de carestía de la vida. También fue elegido como delegado asesor del Jurado de Empresa en Macosa, y en las elecciones sindicales de 1960 ya salió como miembro efectivo y pleno de este Jurado de Empresa.

Influido por su suegro, por sus propias reflexiones de la gran huelga ciudadana vivida en Barcelona y por su actividad reivindicativa en la empresa, Mariano Ibáñez Palomar fue invitado a asistir al VIº Congreso del PCE, celebrado clandestinamente en Praga. Coincidió con otro delegado comunista valenciano: Doro Balaguer. Mariano empezó a mantener reuniones secretas en el PCE, colaborando en su organización y desarrollo en la provincia de Valencia, algo debilitada desde la caída del expediente de Abelardo Gimeno en el año 1959.

Al regreso de esta reunión, y seguramente por haber infiltrado la policía a algún chivato suyo, fueron produciéndose detenciones de los delegados que volvían a España. En la noche del 11 al 12 de septiembre de 1961, la policía política franquista (conocida como Brigada Social) detuvo a Mariano Ibáñez. Primeramente fue conducido a la comisaría de policía situada en la calle de Samaniego en Valencia. Allí padeció un trato brutal y sevicias inhumanas: ir con las rodillas desnudas sobre garbanzos echados al suelo, sufrir descargas eléctricas por todo el cuerpo, ponerse de puntillas y las manos apoyadas sólo con los pulgares sobre unas monedas en la pared y al perder el equilibrio recibir una nueva lluvia de golpes, etc. Al cabo de varios días fue trasladado a la nueva Jefatura Superior de Policía de la Gran Vía Fernando el católico. Permaneció en poder de la policía político-social durante 52 días, hasta que el 3 de noviembre lo entregaron en la cárcel Modelo de Valencia, donde lo recibió en la enfermería Julio Marín, estudiante de Medicina entonces, detenido del PCE en otro expediente anterior, ya que Mariano tenía lesionado el hombro izquierdo (fractura del omoplato) a consecuencia del cruel trato recibido por la policía política.

Su empresa, MACOSA, aprovechó su detención policial como una ausencia no justificada al trabajo y lo despidió el 11 de octubre de 1961. (Ver documento)

Sometido a juicio por los tribunales franquistas el día 27 de marzo de 1962, fue condenado a la pena de 3 años y 3 meses de prisión por un delito de propaganda ilegal, siendo enviado a la Prisión Provincial de Cáceres a cumplir la citada condena.

Durante su permanencia en presidio, los compañeros de trabajo no lo olvidaron, y todas las semanas uno de ellos, Antonio Benavides Martín, pasaba por los departamentos de Macosa y recogía las ayudas solidarias hasta reunir 400 pesetas. Cuando le faltaba algo para completar ese importe, acudía a un perito amigo en la misma empresa y le decía: “¿Me pagas la lotería?”, y éste le aportaba lo que faltaba. Y así todas las semanas entregaban a la mujer de Mariano las 400 pesetas recogidas. Otra muestra, más expeditiva, del cariño recibido fue que, estando su mujer embarazada a punto de dar a luz en esos momentos, otro compañero de trabajo, Rafael Jiménez Navarro, fue a hablar con el presidente de la Sección Social del Metal en la CNS (antiguo Sindicato vertical franquista) y le dijo: “La mujer de Mariano tiene que parir en la Residencia sanitaria. Arréglalo como sea, si no, venimos aquí los compañeros y te colgamos”. Y así fue como Marina Caballero tuvo su parto en el hospital de la seguridad social y estuvo debidamente atendida.

Mariano Ibáñez Palomar salió de la prisión de Cáceres en libertad condicional el día 7 de abril de 1963. (Ver documento) No obtendría el certificado de liberación definitiva hasta el 5 de diciembre de 1963. (Ver documento) Después de pasar por sendas estancias de trabajo en Suiza y en Orán, la familia se tuvo que marchar a Francia y se establecieron en Paris. En la capital francesa siguió militando en el PCE como responsable de un radio comunista. Entre finales de 1971 y mediados de 1972 volvieron a Valencia, primero su mujer y su hija, y luego el con su hijo. Marina Caballero consiguió ingresar a trabajar en la recién inaugurada Residencia sanitaria La Fe de Valencia, y Mariano entró en unos pequeños talleres, hasta que en octubre de 1976, acogiéndose a la amnistía, se pudo reincorporar a su empresa, Macosa, donde permaneció hasta su jubilación. Continuó su participación en CCOO desde sus orígenes y luego en la Federación de Pensionistas, a cuya junta directiva perteneció como secretario de organización entre 1992 y 1994 junto a Miguel Lluch.

Mariano Ibáñez siempre se consideró un obrero consciente de serlo y de su lugar social y así actuó sindicalmente. En cuanto a su participación política, algunos personalismos y actitudes egoístas que vio en aquellos años de la transición le produjeron un rechazo sin por ello hacerle perder su orientación.

Cuando en momentos como los actuales se ataca al sindicalismo de clase, cuando parece que la democracia nos cayó otorgada desde el cielo, hemos de acudir a rescatar del anonimato a personas como Mariano Ibáñez, como Marina Caballero y a tantos otros compañeros y compañeras que como ellos sacrificaron sus vidas para conseguir una sociedad mejor. Como escribió Hikmet en sus versos “hemos luchado por ella”. Por eso, habremos de seguir horadando el olvido y descubriendo sus recuerdos para que sigan alimentando la ternura de nuestros corazones y reconocer que en los tiempos difíciles también se defendía la dignidad humana. Pero, sobre todo, además, para ser ecuánimes con nuestra Historia.

NOTA.- Para poder confeccionar este escrito, ha sido imprescindible disfrutar de los testimonios y los documentos de Mariano Ibáñez, nuestra gratitud para él. Tampoco queremos olvidar la afectuosa acogida de Ana Belén Egea, en la sede central de CCOO País Valenciano, para poder desarrollar estas entrevistas.

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